MI IMAGEN. MI DECISIÓN.

Actualizado: may 30



Cuando se habla de imagen personal se nos viene a la mente muchos conceptos. Se asocia a la moda, al maquillaje, pero es más amplio: tiene que ver cómo lucimos, cómo caminamos, hablamos, A grandes rasgos se define como NUESTRA CARTA DE PRESENTACIÓN. Y está compuesta por dos pilares: IDENTIDAD y PROYECCIÓN. IDENTIDAD: Es el conjunto de características propias de una persona y la concepción que tiene de sí misma en relación a otras personas. Abarca distintos aspectos. Cómo te describes a ti misma. PROYECCIÓN: Qué ven los demás. Qué concepto tienen de ti. Todos proyectamos una imagen frente a los demás, que comienza la parte exterior (ropa, maquillaje, cuidado personal), y se consolida con lo que los demás perciben e interpretan de cada uno de nuestros actos. La imagen que a diario construimos, es un reflejo de cómo nos perciben los demás y puede o no ajustarse a lo que realmente somos y a lo que hemos querido que los demás crean y piensen de nosotros. Pero para lograr un equilibrio entre lo que somos y lo que proyectamos, debemos ser COHERENTES. Y esta puede ser una herramienta clave para tener éxito en distintos aspectos. Si somos honestas y reales, nuestra imagen perdura, no se convierte en un disfraz que. IDENTIDAD + PROYECCIÓN = IMAGEN LA IMAGEN PERSONAL comunica cualidades y proyecta información, a través de nuestra apariencia externa y de nuestro comportamiento. Se sabe que sólo son necesarios 7 segundos para tener una primera impresión. Entonces qué tanta importancia le damos a causar una buena. Quise empezar con estos conceptos para que nos alineemos en la historia, pero la intención de este artículo no es dar una clase de imagen personal, sino contarles qué pienso yo de la imagen en general y mi experiencia con ella. He aquí mi apreciación… Crecí con un buen ejemplo. Mi madre, hasta ahora, mantiene un look pulido. Si bien es simple, clásico, atemporal, sin lujos, hay detalles en ella que la hacen especial: La ropa en buen estado y planchada, el cabello ordenado, la piel cuidada, la postura erguida, etc. Esto es algo que ella inculcó en mí y es así como siempre traté de ser. Ella me enseño lo más importante: arreglarme para mí misma, para sentirme a gusto y levantar mi ánimo. Es así como cada vez que me sentía “depre” (producto de mi adolescencia), ella me mandaba de vuelta al cuarto, a darme una ducha y a ponerme guapa. Siempre acompañado de tarjetas o notas por debajo de mi puerta con mensajes de aliento. Cuando terminaba, regresaba a ella y ella me preguntaba: y ahora, ¿cómo te sientes?. Este “ejercicio” marcó el inicio de mi imagen y mi carrera ahora. Durante años experimenté con muchos looks, claro, siempre acorde con el momento de mi vida, con mi entorno, con lo que se hallara en mis posibilidades. No siempre (digo casi nunca) con posibilidades económicas para andar comprando, por lo que tuve que despertar mi creatividad. Aprecié mucho la ropa heredada de mi madre y el nuevo uso que le podía dar. Y con esto de la edad, sí era un tema, porque siempre me gustó vestirme de forma más elegante. Esto hacía que las personas pensaran que era mayor. Y es aquí cuando empezó el problema de vestirme para encajar y agradar a los demás.

Mi entorno, en una época de fiestas, era caótico. Elegía vestirme “sexy” porque mis amigas lo hacían, dejé a un lado lo aprendido, con el objetivo de encajar en el, entonces estereotipo de chica socialité. De verdad no me sentía yo, y eso se notaba porque no coincidía esa ropa con la mujer que era, con mi profesión, mi personalidad y hasta mis objetivos como persona.

Cuando trabajaba en publicidad comencé a tomar en cuenta los conceptos de cada marca, su personalidad y el mensaje que daban a sus consumidores. Este tipo de estrategias me ayudaron a ir puliendo mi imagen. Como ejecutiva de cuentas, trataba de mantener un estilo clásico y siempre bien arreglado, propio del código de vestimenta.

Fue en el 2008, en ese trabajo, en el que la Gerenta de la agencia de publicidad se dio cuenta de mis habilidades en las compras y me pidió que la ayudara con su cambio de look. Aquí me di cuento, YO, que realmente era buena en ese rubro. Ella quedó contenta y esto influyó en su estado de ánimo, en su manera de expresarse frente a los clientes, se le veía más segura de si misma. Ella concluyó con un comentario que me animaría, años después, a incurrir en la Asesoría: “Realmente eres buena en esto. Deberías ser Personal Shopper”.

En el 2012, después de renunciar a mi trabajo en una transnacional, mudarme a otro país, romper una relación de años y perderme emocionalmente, me vi en una cafetería, pensando en un negocio propio. Escribiendo en una hoja en word, mis talentos, el único que escribí fue: Soy buena comprando, Claro, mi pasión, iba más allá, Quería seguir ayudando a las mujeres a sentirse más seguras consigo mismas, como me había enseñado mi madre y como yo ya había comprobado luego.

Ingresé a estudiar y pulí mis bases. Me hice un cambio yo misma. Y empezó la travesía. Buscando acercarme a más mujeres, abrí mis redes sociales. Me contactaba con marcas y comencé a dar asesorías junto a ellas.

En ese camino, yo seguía evolucionando también. Uno nunca termina de aprender, pero sobretodo, adaptar su look al tiempo presente.

Pero me fui de cara. Durante un año estuve en una relación tóxica, la cual me daño mucho e hizo que me descuidara como mujer. Este chico criticaba mucho cuando me arreglaba, los celos y demás insultos hacían que ya no quisiera vestirme bien y eso desencadenó una pelea con el espejo.

Cuando todo acabó, tomé de nuevo las riendas de mi vida. Me dije, no más, ahora mando yo. Por mí y para mí. Comencé a arreglarme de nuevo y esto revivió mi amor propio. Una vez más comprobaba que, esto va más allá de la vanidad. Lo viví en carne propia: Mejorar mi look, era uno de los elemento que necesitaba para recobrar la confianza en mí misma, recordarme que valgo mucho y soy dueña de mi vida.

Es aquí que quise darle otro sentido a mi trabajo. Preocuparme por llegar al fondo del asunto, el por qué las mujeres necesitaban un cambio.

Ayudar a las mujeres a ENAMORARSE DE SÍ MISMAS CADA DÍA, se convirtió en mi misión.

A lo que voy con toda esta historia es para acercarlas más a la razón de ser de mi profesión. Y decirles, que yo también pasé por lo mismo. Al final, lo que importa es estar contenta contigo misma, vivir enamorada de la mujer que ves todos los días.

La imagen es una decisión. Yo me levanto todos los días y decido cómo quiero aportar a mi crecimiento. Es querer recolectar con mi esencia y mostrar al mundo quién soy.


Un look bien trabajado se convierte en un arma poderosa para darte seguridad, esto provoca que tu lenguaje corporal se muestre fuerte y esto se desencadena en una reacción positiva de los demás. Lo ideal es que sea real, no tomarlo como un disfraz, no copiar a otras personas, sino como la interpretación de la mujer que eres en la actualidad y en el camino que quieres para ti.

Es un camino largo, de trabajo diario, de crecimiento continuo. Creo que las mujeres nos reintentamos siempre y esto es bueno porque quiere decir que cada vez somos mejores.

Les dejo estas preguntas: ¿Cómo te sientes contigo frente al espejo?. ¿Ves a la mujer que eres?. Crees que tu imagen va acorde con tus objetivos y con el camino que tienes planeado para ti.

Y, qué vas a hacer al respecto.








Quiero aclarar, que no solo la imagen es la causante de tu estado de ánimo y del éxito, pero de que ayuda, ayuda. Te recomiendo que, si pasas por una depresión, busques a un especialista y no trates de llenar esos vacíos con ropa ni cambios de cabello.


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 ® Claudia García - Image Consultant & Personal Shopper